Hoy me harté de escribir tragedias.
No es que sea amante de los finales felices,
y mucho menos de las historias que son puro amor.
Es que las tragedias... Las tragedias me están haciendo imaginarme siempre lo mismo.
La misma imagen que representa la oscuridad de un alma al borde del abismo,
De alguien quien está a punto de perderlo todo (y con "todo" me refiero a lo que alguien le da importancia concientemente).
No quiero finales felices, tampoco quiero tragedias.
¿Qué final puedo ponerle a la historia que llevo escrita a la mitad en aquel papel?
Podríamos empezar a inventar los finales sorpresa...
Y fascinarnos con lo que nos espera.