martes, 28 de junio de 2011

    Hoy, en un minuto de mi aburrido y monótono martes, me detuve a pensar en el mar. Me resultó curioso. Es tan lindo para observar, para escuchar, para sentir la paz que acarrea con su belleza, para explorar. Está lleno de criaturas a las cuales les da vida. Hay un mundo bajo él. Y la Luna es su dueña... A muchas personas les gusta disfrutar de él, navegar en su superficie, dedicar su vida entera ahí. ¿Cuántas cosas puede hacer algo tan hermoso? 
    Pero el mar también tambalea, se lleva miles de cuerpos que se resisten a quedarse ahí -por lo menos en vida. A veces se ve enojado y arrasa con ciudades enteras, destruye cosas. 
Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Cómo puede ser que algo tan lindo en varias ocasiones haga tan mal? ¿Cómo algo que da vida también la quita? ¿Acaso los humanos estamos desquiciados, que amamos a lo que en algún momento nos liquida y nos produce terror? 



    Curioso acertijo, ¿no?
    Traslademos este ejemplo a otras cosas en la vida real, ¿no pasa lo mismo en otras situaciones, con otras cosas?




Y sí, a veces somos un poco autodestructivos.