- ¿Te acordás de ese día en el que sentiste las cosas como nunca antes?
Me preguntó mi mente, en un intento por aclarar mis cosas y devolverme ese pedazo de mí que estaban robando aquellos buitres.
- Sí, ¡cómo olvidarlo!
Y me apagué.
- Fue hermoso...
Sentí esa felicidad extraña de aquella vez e inmediatamente un nudo en la garganta.
- Fue hermoso porque lo necesitaba. ¿Cómo lo podría olvidar? El día en que el sol dejó de brillar y la niebla me invadió... Ese tiempo en el que todo lo que veía no eran más que ruinas, humo... Y yo estaba ahí escarbando entre los escombros, buscando un poco de felicidad.
- ¿Y la superación?
- Pensar en eso fue lo más triste, me transformé en un ser gris automáticamente... sin saber lo que quería, como todos los demás.
Y mi corazón se llenó de amargura.
Hay cosas que cuando las movés duelen. Son como vidrios rotos que no terminaron de ser absorbidos y que si las agarrás, cortan.
