lunes, 23 de septiembre de 2013

Atravesar. (Momentos introspectivos de madrugada).


Siempre es difícil expresar cuando estoy atravesando etapas. Ahora me está sucediendo. Siento que expreso por inercia... Y es lo poco que siento. Porque carezco de sentimientos. Tengo muchas emociones que brotan y me confunden. Y tengo dolores de crecimiento.
En este atravesamiento que estoy padeciendo hay muchas oportunidades de experimentar y de conocerme. Pero para eso tengo que meterme en fosas en las cuales desconozco lo que me espera. Pueden ser lugares tenues y acogedores o tal vez me engulla el abismo. Es un poco extraño cómo me siento frente a estas riesgosas posibilidades, porque sé que es parte de lo desconocido y sé que el abismo está dentro mío.


Cuando comienzo a experimentar sensaciones que nunca antes había sentido, se produce cierta ruptura en mi interior. Siento que algo cambia para siempre en tan solo un instante fugaz. Y vivo algo único, que jamás será igual, por más que repita la experiencia una y otra vez. Me agrieto. Soy como un pedazo de plástico y experimento conmigo misma. Y me aprieto. Empiezo a tomar distintas formas con todo ese cúmulo de experiencias y con el desconocido devenir. Entonces comienzo a romperme. Y ahí sucede frente a mis ojos lo irrepetible: ese momento en el que la grieta se expande y puede ser pequeña, ramificarse o terminar por quebrarme. Me conozco en la ruptura, en los espacios que habitan las hendiduras que me conforman. Estoy agrietada. Soy como un pedazo de porcelana.


Hoy me preguntaba qué hacer. Cómo seguir. Cómo tomar alguno de esos caminos que están desprovistos de azares o destinos. Por lo que tuve que regresar a viejos tópicos. "Seguir a mi corazón", una idea que había abollado. La sembré. La hice brújula. Ahora estoy orientándome y juntando los pedacitos de papel que se volaron con otras etapas que atravesé. Siempre se deja algo atrás en el atravesar. Siempre hay ruptura. Siempre hay algo de sufrimiento. Y nos desarmamos. Lo importante es que haya un eje, una base, una guía que nos ayude a reencontrarnos con nosotros mismos después del atravesamiento que es como una tormenta en nuestro interior.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Algún melancólico.

Me vi encantado por todas esas siluetas, todos esos envases vacíos. Siempre fallé. Siempre falló. Siempre fallamos.
Todo lo que buscaba era algún contenido, pero siempre conseguía espacios vacíos y una colección de carne y huesos, que amontoné con el tiempo.
Desde aquella ruptura jamás la volví a ver. Pero con cada intento fallido la encontraba adentro mío. Fue mi pieza perfecta. Fuimos completud. Y no quise perderla. La resguardé en mi interior y todos esos enamoramientos disfrazados me mostraron cuán aferrada estaba su imagen en mí. Nada funcionó porque ningún "otro" era "ella".
Nos vertimos, vaciamos nuestros contenidos en nuestro interior. Engullí su recuerdo... Y lo único que me dejó fue su veneno.