Me vi encantado por todas esas siluetas, todos esos envases vacíos. Siempre fallé. Siempre falló. Siempre fallamos.
Todo lo que buscaba era algún contenido, pero siempre conseguía espacios vacíos y una colección de carne y huesos, que amontoné con el tiempo.
Desde aquella ruptura jamás la volví a ver. Pero con cada intento fallido la encontraba adentro mío. Fue mi pieza perfecta. Fuimos completud. Y no quise perderla. La resguardé en mi interior y todos esos enamoramientos disfrazados me mostraron cuán aferrada estaba su imagen en mí. Nada funcionó porque ningún "otro" era "ella".
Nos vertimos, vaciamos nuestros contenidos en nuestro interior. Engullí su recuerdo... Y lo único que me dejó fue su veneno.