sábado, 14 de diciembre de 2013

Colisionar.

Compartimos algunos minutos esa noche. Estábamos inmersos en toda esa cantidad de materia que nos envolvía: en el pavimento que emanaba el recuerdo de un día caluroso, en los edificios que amontonaban diversos hogares, en el techo estrellado que es el cielo y, a partir de allí, en toda esa mezcla de planetas y estrellas de las cuales pocas veces tenemos conciencia. 
Pero, ¿con qué fin describo el espacio de materia inanimada que nos rodeaba cuando en el instante en que sus abismales pupilas se posaron sobre mí todo mi entorno se esfumó repentinamente? 
Entre todas las voces, entre todas las miradas, entre toda la multitud, él fue quien resaltó. Sus ojos me absorbieron, su sonrisa me encandiló, su voz me ensordeció. Y cuando chocamos hicimos una explosión que destruyó todo el derredor, haciéndolo desaparecer. Fue la tragedia más hermosa de aquella noche.