Pienso que las ausencias son extrañas conocidas.
La ausencia vive dentro nuestro, en lugares recónditos del alma en los que accedió en aquel festín de bienvenida al mundo exterior.
Nacemos y nos perforan el alma.
Y la ausencia está ahí, en un rincón oscuro, sin hacerse notar. Y de pronto surgen acontecimientos que nos absorben y nos abisman, recordándonos con una especie de ardor que vivimos en la ausencia, que esta es parte de nuestra esencia.
Y cuando desaparece se lleva a nuestro cuerpo y a nuestra cordura. Nos hace desaparecer con ella.