Miró hacia arriba. Miró las nubes mientras caminaba, pero se detuvo a contemplarlas. No sabía porqué, pero le gustaba observar esa imagen, cerrar sus ojos y sentir la suave brisa que recorría todo alrededor.
Últimamente, su cuerpo era víctima de una serie de sensaciones que no comprendía. “Provienen del más allá, son de otra dimensión”, eran sus razones, que aunque no tenían nada de racional en sí mismas, eran lo suficiente como para obtener una pequeña convicción a esos extraños sucesos que atacaban a su cuerpo.
Le gustaba pensar, lo estimulaba. A veces se cruzaba una persona por su mente, de alma pura. Sonreía. Podía caminar con los ojos cerrados sin tropezar.
La preocupación aumentó cuando comenzó a sentir fuertes y aceleradas palpitaciones por parte de su corazón. Fue testigo de sus más absurdos pensamientos. “¡Se me va a salir el corazón!”.
Había cosas que le provocaban miedo. Éste era un suceso. Pero confesó que se prolongó tanto que le provocó terror.
Ahora corría. Corría en círculos, de un lado a otro, caminaba, racionalizaba sus sensaciones.
Pronto, el temor se transformó en ansiedad. “¿Qué estoy esperando?”. Su próxima hipótesis era el poco conocimiento sobre su ser.
Ansioso, caminó y se encontró con la persona que habitaba sus pensamientos. Sus ojos poseían un destello iluminador, su sonrisa apareció.
-Nuestras esencias se llevan bien. Dijo ella.
Luego entendió que su enfermedad se llamaba amor.
