sábado, 6 de agosto de 2011

Un grano de arena en el mar.

    Cuando vamos caminando por la calle, cuando nos cruzamos a una persona por primera vez o en cualquier situación en la que pensamos o nos toca hablar sobre nosotros mismos, lo hacemos con perfecta convicción... Estamos seguros del suelo que estamos pisando, del área en que nos metimos.
    Resulta que somos conocidos de toda nuestra vida. Tenemos muchas historias que contar, algunas palabras que queremos reservar y sombras que nos persiguen de las cuales no queremos hablar.
    Empezamos con nuestros gustos, sí, esta persona soy yo, la que está frente a vos. Entonces nuestro locutor toma nota con su mirada sobre quiénes somos. Algunos dirán la verdad, otros no. Pero este no es el tema en el cual me quiero centrar.
    No importa si la otra persona siente seguridad o no sobre lo que le estamos diciendo. Nosotros estamos completamente seguros de que nos conocemos y estamos diciendo la verdad o de que realmente algunas cosas no son tan increíbles o trágicas como las presentamos.
    ¿De dónde surge esa auto-convicción? Y ahora es el momento en el que me dirijo a lo que realmente quiero plantear. ¿Cómo sabemos que preferimos el helado de chocolate al de frutilla? ¿Que detestamos completamente las mentiras? ¿Que nos encanta correr cuando bajamos las escaleras? ¿Que le tenemos terror a la oscuridad, o a las alturas?
    Miles de respuestas surgen a preguntas sobre nuestros gustos actuales, y casi todas se basan en experiencias propias... Porque tuve que probar el helado de frutilla y de chocolate alguna vez para saber que prefiero el sabor chocolate. Tuve que subirme a un lugar muy alto y sentir terror y ansiedad por el acto que estaba realizando. Alguien alguna vez me mintió, y no me gustó en lo absoluto sentirme engañado... Y así, diferentes frases en base a experiencias propias aparecen... ¡Por eso estamos seguros de lo que decimos! 
    Pero, ¿Nos conocemos realmente? Otra cuestión. No probamos todas las experiencias existentes ofrecidas en diferentes gamas, tonos, categorías, etc.
    Nos conocemos a nosotros mismos a través de todas las experiencias que vivimos y no nos conocemos en el grado de todas las que nos falta vivir. Quizás nunca nos conozcamos completamente, pero nos convence la forma en que estamos en este momento. Por eso hay que estar preparados para experimentar, viviendo lo que somos hoy y sonriendo por lo que vamos a seguir siendo mañana. 












Se trata de ser, conocer, vivir, explorar, aprender, imaginar y dejar en los demás un poquito de lo que somos.

lunes, 1 de agosto de 2011

Frialdad otoñal.

    Aquella mañana otoñal -tan común como todas las que corrían en ese Abril rutinario- despertó a la misma hora de siempre. Con los ojos empañados de cansancio asomó su cabeza por la ventana de roble rojizo: las hojas corrían apresuradas porque el viento las perseguía y la tonalidad marrón en el paisaje predominaba en esos días. Bostezó. Se sentó al borde de la cama y tomó su agenda. ¡Cuántas cosas tenía programadas para un Lunes! Siempre cuesta empezar...
    Para su asombro, un papel cayó de aquel libro encuadernado, deslizándose al compás del reloj, que marcaba exactamente las ocho de la mañana. Lo tomó rápidamente, doblando una de sus puntas en aquel acto de arrebato, y lo guardó nuevamente en su lugar de origen, dejando a la vista un pequeño corazón dibujado en él.
    Desde ese pequeño momento su día cambió. Hizo todas las cosas que tenía escritas en su agenda personal. A simple vista era otro de esos días que se amontonan para reciclar. Pero él no se sintió igual, no lo sintió igual. Sus ojos le mostraron otra realidad, mientras su mente reproducía miles de imágenes superpuestas. Su corazón latía rápidamente combinando con el  brillo de su mirada. Cada acción era correspondida por una sonrisa.
    Ya de noche, recostó su cabeza en la almohada y sus pensamientos se apagaron, transformando su mente en un cielo repleto de estrellas. Sonrió una vez más. 
    Su agenda estaba abierta en un escritorio y su día Martes 21 de Abril llevaba inscripto "verte otra vez".
    Al día siguiente, un Martes como otros, abrió sus ojos. Miró una vez más el paisaje con los efectos borrosos producidos por sus ojos y suspiró. Se cambió y en el espejo se dejó ver... su pecho, sangrando, sin corazón.