Estoy segura de que en el momento en que los escribí, jamás hubiera pensado en hacer públicos tales escritos... ¿Y quién soy yo para profanar la privacidad de mi pasado? Mi yo actual quiere compartirlos en este espacio...
Miércoles 3 de Marzo de 2011. "Fuimos a un abismo para dar un paso más allá".
"Estaba tratando de dar un paso más allá, cuando esa sensación se cruzó con mi ser otra vez. Sonreí macabramente, algo sabía, pero necesitaba sentir esa certeza placentera de ser consciente de mi propia razón. Entonces, casi espontáneamente, puse a prueba aquella verdad que salió a la luz..."
Y no puedo contar nada más, porque sólo pude sentir esa amarga decepción en mi boca, y no puedo sacarme el gusto. ¿Cómo pretender dar un paso más allá cuando no tengo ninguna señal? Puedo entender lo poco lógicas que son sus respuestas, puedo entenderlo todo... y es lo que más me molesta. Sé dónde estoy parada pero no sé hacia qué lado moverme, porque cuando estaba decidida se interpuso otra duda con ese toque de cinismo en mi camino, entonces volvía a poner el pie en donde se encontraba inicialmente.
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Cerré los ojos y encontré el lugar de mi corazón en la oscuridad abismal. Porque pensé en dónde se encontraba y miles de cosas, momentos y recuerdos aparecieron en mi cabeza en forma superpuesta. Está esparcido, no en piezas (de esa manera, estaría roto). Está esfumado, de la forma más extraña.
OBSERVACIÓN:
Hablé con la única estrella que podía observar desde mi ventana. ¿Por qué desaparecía en su titilar? Quizás otra persona estaba hablando con ella a la vez o tenía otras cosas importantes que hacer pero quería PERMANECER ahí, porque simplemente eso le tocaba o estaba destinada a ocupar ese pequeño espacio. Así es como muchas veces nos limitamos los seres humanos en nuestro andar. No podemos seguir porque tenemos que estar ahí. Estamos esclavizados y condicionados por ese estar y por nuestros propios miedos. Ese miedo a extender nuestras alas para elevarnos y llegar más allá. Somos esclavos de nosotros mismos.
Entonces, llegando a una conclusión de lo que reflexioné sobre la observación de las cosas, podría atreverme a decir que me mantengo intacta en ese casillero por un miedo oculto y profundo, un miedo desconocido. O quizás se trate de mis alas: no están lo suficientemente listas para comenzar a volar. O solamente quiero volar con vos, pero cada vez que tomo tu mano para que extendamos nuestras alas, te resbalás y querés permanecer o volar de una forma extraña que desconozco. NO CONDICIONES LO QUE HAY QUE DEJAR SER. Porque quizás después sea demasiado tarde y comience a desplegar mis alas para emprender un vuelo sola. Hacia el más allá. Sola... Y vos acá abajo con todos tus miedos, argumentos, falsos sentimientos, hasta que te des cuenta de que estoy muy elevada como para bajar... Otra vez.
2010.
Ese mismo día estaba por colapsar. Era la primera vez que me encontraba rondando por ese lugar y el rock a todo volumen andaba por aquel pequeño galponcito de paredes amarillas.
Los nervios ocupaban todo mi interior y se mezclaban con toda esa ansiedad. Sí, mis ojos pertenecían a otra persona.
Cuando todo había finalizado y el frío se evaporaba en esa madrugada que aún no quería transformarse en mañana, un grito avergonzante encontró un extraño parecido en aquel oscuro ser y esa abstracción superficial. Gritó. No pude evitar esconderme en medio de la multitud, pero finalmente, sus ojos me encontraron. Podría fingir que estaba ciega, pero en mi interior confesé muchas veces sobre el casual encuentro de nuestras miradas.
Repitiendo hechos, volviendo y cruzando un par de palabras gracias a una ventana virtual... y el hecho de caminar una y otra vez por ese mismo sector (con la excusa de que el lugar era demasiado pequeño).
Fue ese día en el que mis ojos cambiaron de dueño. Me vi obligada a acompañar su camino y seguirlo hasta el final de aquella noche. Un camino sobre ruedas, poco espacio y dos manos unidas a través de un leve impulso de distintas sensaciones. Los nervios internos no desaparecían... pero esta vez eran provocados por otra causa. Su presencia, sus suspiros, su perfume hipnotizador. Y me atrapó en aquel segundo. Un sólo instante y sus brazos, ¿cómo pudo ser eso posible?
Pasó el tiempo y días y noches en los que verlo me daban ganas de escapar (aunque debo confesar, tenía inmensos deseos de correr a abrazarlo). Su presencia iba a desaparecer por un lapso demasiado corto. Y así fue.
Lo demás no importa, porque las dudas existenciales desaparecerían con aquel dulce pensamiento.
Sé que rompiste mi corazón y más de una vez me lo cuestioné a través de mis más profundos miedos. Pero los sentimientos ganaron otra vez y te creo.
Y así es como un extraño se adueñó de mis ojos... y corazón.
