martes, 25 de septiembre de 2012

Lecciones de vida.

Parte I.
    Creo que el rencor es algo malo a largo plazo. Mancha nuestros corazones a medida que aparece. Tan sólo sentirlo por un rato, envenena nuestro corazón y lo mancha... y después es difícil de quitar esa manchita oscura que se pega ahí. 
    A medida que haya más rencor en nuestro corazón se ensucia más y es más difícil de quitar esa suciedad, que pareciera que está ahí para quedarse.
    Yo no hablo desde afuera. Yo envenené a mi corazón con una dosis de rencor... y me resultó muy difícil curarlo.  Sólo un puntito oscuro puede reproducirse fácilmente y comenzar a expandirse. Y lo peor de esto es que si nuestro corazón se impregna de esa peste, lo único que vamos a tener para dar van a ser sentimientos malos. El amor se va a sentir avergonzado de ese corazón tan oscuro y se va a esconder... y no va a querer salir.
    Muchas veces, pareciera que el rencor sirve para no salir lastimado de alguna situación dolorosa. Es como un mecanismo de defensa que aparece rápidamente en esos momentos en los que uno se encuentra roto en pedazos. Pero es un mecanismo con función a corto plazo y que tiene sus peores consecuencias en el futuro... ¡Y cuán difícil es purificar un corazón petrificado por el rencor! 
    Si nos esforzamos por mantener nuestro corazón lleno de amor, el rencor va a ir desapareciendo de nuestra vista... hasta llegar a un punto en que no exista.

Parte II.

    Creo que la confusión no es tan mala en cierto punto. Cuando una persona se acerca a nosotros con el único fin de confundirnos y logra su propósito, ahí me parece mala. Pero cuando surge de la espontaneidad de las decisiones que aparecen en nuestras vidas, no es tan mala.
    Antes, solía imaginarla como algo abstracto que me dejaba ciega y llena de desesperación, sin saber qué hacer... pero ahora puedo verla como una situación en la que me encuentro parada en un sitio del que salen muchos caminos y no sé cuál tomar... ¡Y esa es una de las partes más divertidas de la vida! Que todo sea tan misterioso y tener opciones que elegir, aunque no sepamos qué es lo que queremos.
    Por mi parte, yo siempre elegí con el corazón. Y muchas veces esos caminos que tomé se encontraban repletos de piedras y trampas... y salí lastimada. Pero esas experiencias me sirvieron para una próxima vez en que me encuentre parada en el mismo punto y no sepa qué camino elegir.
    Seguir a mi corazón me hizo sentir que siempre elegí correctamente... Y aunque las cosas no hayan salido como esperaba o como quería que sucedieran, me sentí satisfecha de mis elecciones.


























Hoy vine a hablar de lo que creo.