Te recuerdo de a poquito, en partes. Recuerdo el brillo de tus ojos color café, mirándome, mientras estabas sentado en esa silla como un niño. Recuerdo tu sonrisa a medias contorneada por tu barba. Recuerdo el sonido de tu voz, firme, acompañado de la expresión de tu cuerpo; ambos hablaban, manifestando el lenguaje perfecto. Así te recuerdo, de a pedacitos... y me estremezco. Porque no puedo pensar al hombre perfecto, que sos vos, entero. Porque tengo que pensarlo fragmentado. Porque mi cabeza no puede contenerte completo.