martes, 20 de agosto de 2013

A partir de aquel momento comenzaría a odiar los días lluviosos.

"Los senderos en los que andamos son largos. A veces se cruzan con otros y entonces encontramos a quien nos acompañará en nuestras caminatas mientras dure esa superposición de caminos. El problema es que, desde el punto en el que estábamos parados, parecía un camino interminable. Y luego de tanto caminar comenzamos a divisar un final. Y ese final es hoy".
Inmediatamente después de oír lo que dijiste, tomé mi taza de porcelana y bebí un poco de café humeante. Esperaba tragarme, con ese sorbo, todas las palabras que no dije y todas las angustias que sobrevendrían luego de esa conversación.
"Está bien, supongo que la gente siempre se va". Fue la única oración coherente que se formó en todo ese desorden de palabras que querían brotar. Me enredé en ese discurso que no había pronunciado. Me mezclé con todo el alboroto de letras de lo no dicho. Me quedé en silencio. Y quise escapar, como todas esas palabras habían huido de mis pensamientos, como vos te habías ido, borrándote de mi historia.
Cuando abandoné el lugar, me dirigí hacia el lago. Allí me sentí incompleta. No era novedad, pero el amor es una pieza engañosa y prometedora que nos atrae y nos muestra, al menos de forma ilusoria, cómo sentirnos completos por un tiempo.

Hoy llueve. Miro a través de los vidrios empañados cómo el agua acaricia el pavimento y se amontona en algunos rincones.
Hay algo en la lluvia que me recuerda a tu partida. Pienso que tal vez sean las gotas, que caen sobre las superficies y se pierden en ellas para siempre, desaparecen. Y dejan pequeños rastros como huellas, que no tardan en esfumarse.
Aquellas imágenes, aquellos recuerdos, se desvanecieron con el tiempo, a medida que las agujas del reloj giraban. Pero tus palabras se atascaron en mí, rompieron con todo lo armado. Me dividieron en piezas desencajadas. Ahora estoy desarmada.

sábado, 17 de agosto de 2013

Abandonar.

Deshacerse. Desaparecer. Dejar a un lado lo que en algún momento brilló. El abandono existe si lo que estás soltando al abismo del olvido es algo que en algún momento fue importante, tuvo magia. Y sus pasos dejan recovecos como huellas. Y esos espacios vacíos te gritan, te absorben, te asfixian. ¡Y las ruinas! Que lloran, a-rruina-das, y son el reflejo de todo lo que alguna vez fueron. Y yo que miro y me pregunto: "¿Será que la idea de perfección es tan incontenible, que no tiene ningún soporte en esta "realidad" manchada de fantasía? ¿Y cuando cargamos a algo con tintes de perfección, es tan in-soportable que termina derrumbándose?"

Fragmentado.

Te recuerdo de a poquito, en partes. Recuerdo el brillo de tus ojos color café, mirándome, mientras estabas sentado en esa silla como un niño. Recuerdo tu sonrisa a medias contorneada por tu barba. Recuerdo el sonido de tu voz, firme, acompañado de la expresión de tu cuerpo; ambos hablaban, manifestando el lenguaje perfecto. Así te recuerdo, de a pedacitos... y me estremezco. Porque no puedo pensar al hombre perfecto, que sos vos, entero. Porque tengo que pensarlo fragmentado. Porque mi cabeza no puede contenerte completo.

jueves, 15 de agosto de 2013

¿Por qué les regalamos el cielo a los muertos? ¿Será porque es inalcanzable, como ellos?

Yo no entiendo a los muertos porque son las imágenes superpuestas de lo que fueron y porque están en los lugares que les regalamos. Y es que a veces pienso que los muertos no son ellos, sino nosotros y todo lo que les atribuimos en el lapso de nuestras finitas vidas.


¿Cuándo empieza el cielo? ¿Cuáles son sus límites? 
¿Cuándo empieza la muerte y cuáles son sus límites? 
¿Puedo tocar el cielo? ¿Puedo tocar la muerte?

Desesperación.

    Esta noche se desmoronan todas las construcciones que desconozco y que me rodean. Se caen a pedazos encima mío. Me atrapan, me aplastan, no me dejan ser. No sé qué hacer.
Y me doy cuenta de que soy una partícula en el universo, perdida en esta mezcla de planetas y estrellas.          Rodeada de individuos que también son partículas y que algunos ya se hicieron estrellas (o se perdieron en los valles de lo desconocido, que están poblados de mitos).

miércoles, 7 de agosto de 2013

Desencanto.

Aquel día nos encontramos en la superficie, pisando las gastadas baldosas. Te miré y sentí lo mismo al ver las descascaradas paredes despintadas, llenas de carteles pegajosos y superpuestos. Ya no contrastabas con todo lo demás. Eras parte de todo lo que me rodeaba a diario, de lo multitudinario que hacía bullicio y me despistaba. Comenzaste a habitar el sótano en donde se encontraban todas mis interpretaciones perdidas de la oscuridad abismal y confusa del olvido.
¡Qué hermoso y mágico era cuando nos encontrábamos en las profundidades! Y éramos nosotros. Y lo otro -lo amontonado, lo desgastado, lo superfluo- se esfumaba. Nos atraíamos, nos envolvíamos y compartíamos nuestras creaciones, que tan alejadas estaban de lo cotidiano.

Te separé en partes, y ya no puedo unirte. Te desarmé. Te deshice. Sos piezas, pedazos, de lo que fuiste. ¿Será que, en nuestro mundo de fantasía, te hiciste de porcelana? Tan frágil te reinventaste.